Nos ahorramos tu Seguridad Social

Nos ahorramos tu Seguridad Social

 

– Nosotras estamos barajando un contrato como Autónomo Dependiente, ¿sabes lo que es?

No sé si la expresión de mi cara cambió mucho. Intento que no; en las entrevistas soy todo sonrisas y conformidad. Prefiero ser yo quien rechace el trabajo, antes de que sean ellos quien me descarten a mí. Sin embargo, mi cabeza había retrocedido espontáneamente al momento en que, hacía dos años, mi profesor de Arquitectura Legal de la Escuela nos explicó el fraude de los falsos autónomos y lo común que era en nuestro mundillo. El autónomo dependiente, pensé, no debía de ser más que un eufemismo para la misma realidad.

– Sí, creo que sí – contesté – Yo me doy de alta como autónoma, pero trabajo para vosotras como si fuera asalariada.

– Exacto, ¡y así nos ahorramos tu Seguridad Social!

Sonreí. Jo, qué guay, tía. Os ahorráis mi paro, mi maternidad, mi pensión…

No creo que sea necesario describir la cara de susto que se les quedó cuando minutos antes había explicado que aspiraba a un contrato en prácticas, remunerado el primer año con unos 14.000€, lo mínimo marcado por ley para los Arquitectos.

Apretón de manos. – Ya nos pondremos en contacto contigo. – Y la desagradable sensación de haber perdido tiempo y dinero en ir a esa entrevista que, sobre el papel (o más bien en la pantalla del ordenador), era motivante. Un estudio joven de arquitectura, comprometidos con el trabajo que hacían, con proyectos innovadores y preocupación por el diseño. Una bonita página web y presencia en medios de comunicación. Creo que hasta les habían concedido algún premio de emprendimiento. Así, con trabajadores que te cuestan casi menos que las mesas de diseño del estudio, no parece muy difícil.

Lo peor de todo esto es que en la oferta de trabajo decían que lo más importante era que hubiera buen rollo, porque de comer todos los días, olvídate.

Días más tarde se pusieron en contacto conmigo para formalizar las condiciones, les había gustado. Por suerte, yo ya había conseguido un trabajo con unas condiciones decentes. No es un estudio de arquitectura, por supuesto, es una empresa de ingeniería de las que aún valoran la figura de un técnico superior, aunque sea Arquitecto.

Les contesté educadamente que la oferta no me interesaba.

Me quedé con las ganas de decirles que las condiciones me parecían vergonzosas. Que me parecía aún peor la impunidad y la ligereza con la que ofrecían semejante pisoteo. Pero, por encima de todo, que me daba pena que los primeros que se tomaban la libertad de infravalorar la figura de un Arquitecto, fueran los propios arquitectos. Que sean ellos los que condenan a las nuevas generaciones a trabajar en condiciones de explotación, bajo la amenaza de tener que huir del país en busca de algo mejor. Que aún con esos pésimos términos, se crean en el pedestal de estar haciéndonos un favor al contratarnos.

No dije nada, y aún me arrepiento.

Quizás si diéramos un golpe en la mesa y nos levantáramos al oír ofertas como aquella, poco a poco irían desapareciendo. Quizás tendrían más reparo en ahorrar costes a través de los empleados, que no es otra cosa que recortar su calidad de vida. Quizás la gente dejaría de poner cara de pena cuando oyen que eres arquitecto. Quizás ser arquitecto volvería a ser algo de lo que enorgullecerse. Quizás.

 

Claudia.

 

Va por vosotros “los autónomos dependientes”.

 

 

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